Mes Propriétés – Por Henri Michaux (Traducción Idalia Morejón Arnaiz)

Henri Michaux

Traducción: Idalia Morejón Arnaiz

En mis propiedades todo es monótono, nada se mueve; y si hay una forma aquí o allí, ¿de dónde viene entonces la luz? Ninguna sombra.

                A veces, cuando tengo tiempo, observo conteniendo la respiración; al acecho; y si veo brotar alguna cosa parto como una bala y salto sobre ella, pero la cabeza, pues a menudo es una cabeza, vuelve a entrar en el pantano; escarbo con energía, es lodo, lodo completamente ordinario o arena, arena…

                Mis propiedades tampoco dan a un lindo cielo. Aunque al parecer no existe nada encima hay que andar inclinado como en un túnel bajo.

                Estas propiedades son mis únicas propiedades, en ellas vivo desde mi infancia y puedo decir que muy pocos poseen unas más pobres.

                A menudo he querido trazar en ellas hermosas avenidas, haría un gran parque…

                No es que me gusten los parques, pero… qué más da.

                Otras veces (es una manía incansable que aflora tras cada fracaso), veo en el mundo exterior o en un libro ilustrado un animal que me gusta, una garza blanca, por ejemplo, y me digo: esto, esto se vería bien en mis propiedades, además podría multiplicarse, y tomo muchas notas y me informo sobre todo lo que constituye la vida del animal. Mi documentación se hace cada vez más vasta. Pero cuando trato de llevarlo a mi propiedad siempre le faltan algunos órganos esenciales. Me angustio. Presiento que esta vez tampoco se logrará; y en cuanto a multiplicarse, en mis propiedades nada se multiplica, si lo sabré yo. Me ocupo del alimento del recién llegado, de su aire, le planto árboles, siembro verduras, pero tal es la naturaleza de mis detestables propiedades, que si cambio la vista o me llaman afuera un instante, cuando regreso no queda nada, o apenas cierta capa de ceniza que, a lo sumo, mostraría una última brizna de musgo chamuscado… a lo sumo.

                Y si me obstino, no es por majadería.

                Es porque estoy condenado a vivir en mis propiedades y necesario es que algo haga con ellas.

                Pronto cumpliré treinta años y aún no tengo nada; naturalmente me impaciento.

                A menudo consigo formar un objeto, o un ser, o un fragmento. Por ejemplo, una rama o un diente, o mil ramas y mil dientes. ¿Pero dónde colocarlos? Hay personas que sin esfuerzo logran crear macizos, multitudes, conjuntos.

                Yo, no. Mil dientes sí, cien mil dientes sí, y hay días que en mi propiedad tengo cien mil lápices, pero ¿qué hacer en un campo con cien mil lápices? (no es lógico) o entonces pongamos cien mil dibujantes.

                Bien, pero mientras trabajo creando a un dibujante (y cuando tengo uno, tengo cien mil), mis cien mil lápices ya han desaparecido.

                Y si para el diente preparo un maxilar, un aparato digestivo y uno de excreción, tan pronto tengo lista la superficie, cuando estoy a punto de colocar el páncreas y el hígado (pues siempre trabajo metódicamente), de repente los dientes se han ido, el maxilar también, y cuando estoy en el ano sólo resta el ano, lo cual me disgusta, pues significa volver al colon, al intestino delgado, a la vesícula biliar y de nuevo a todo el resto, entonces no.

                Delante y detrás todo se eclipsa enseguida, nada se sostiene ni un instante.

                Ahora bien, no puedo hacer animales enteros como por encanto.

                Procedo metódicamente; de otra forma es imposible.

                Es por eso que mis propiedades están siempre absolutamente desprovistas de todo, con excepción de una criatura, o de una serie de criaturas, lo cual por otra parte no hace más que aumentar la escasez general, servir como una advertencia monstruosa e insoportable a la desolación general.

                Entonces suprimo todo y queda sólo el pantano, nada más, pantanos que son de mi propiedad y que quieren verme perder las esperanzas.

                Y cuando me ofusco, no sabría decir verdaderamente el porqué.

                A veces todo se anima, la vida bulle. Es evidente, es cierto. Siempre he presentido que existe algo allí, me siento muy animado. Pero he aquí que de afuera viene una mujer que me hostiga con incontables placeres, tan seguidos que no demoran más que un instante, y en ese mismo instante me da muchas, muchas veces la vuelta al mundo… (Yo, por mi parte, no he osado pedirle que visite mis propiedades dado el estado de pobreza en que se encuentran, de casi inexistencia). ¡Muy bien! Sin embargo, cuando me siento agobiado por tantos viajes adonde nada comprendo, y que no han sido más que un perfume, me libro de ella maldiciendo una vez más a las mujeres, y completamente perdido sobre el planeta lloro por mis propiedades que no son nada, aunque representan un terreno familiar y no me producen esa impresión de absurdo que encuentro por doquier.

                Paso semanas humillado, solo, buscando mi territorio; en un momento como ése cualquiera puede maltratarme a su antojo.

                Me sostengo gracias a la convicción de que no es posible que no encuentre mi propio territorio y, en efecto, un día, más tarde o más temprano, ¡de nuevo volverá!

                ¡Qué alegría volver a pisar mi territorio! En ningún otro podría sentirme así. Existen algunos cambios, parece estar un poco más inclinado, o más húmedo, pero el grano de la tierra es el mismo grano.

                Puede que nunca haya abundantes cosechas. Pero ese grano, no importa lo que digan, me habla. Sin embargo, si me acerco, se confunde con la masa –masa de pequeños halos.

                No importa, obviamente este es mi territorio. No lo puedo explicar, pero confundirlo con otro sería como si me confundiera a mí mismo con otro, imposible.

                Somos mi territorio y yo; luego está el extranjero.

                Hay personas que tienen propiedades magníficas y las envidio. En cualquier lugar ven alguna cosa que les gusta. Bien, dicen, esto será para mi propiedad. Dicho y hecho, ya el objeto está en su propiedad. ¿Cómo se efectúa el traspaso? No lo sé. Desde su más temprana edad, dedicados a acumular, adquirir, no pueden ver un objeto sin plantarlo de inmediato en sus hogares, automáticamente.

                No sería apropiado decir que se trata de avaricia, son reflejos, más bien.

                Muy pocos lo sospechan. Poseen propiedades magníficas que conservan mediante el ejercicio constante de su inteligencia y de sus extraordinarias capacidades, y no lo sospechan. Pero si usted necesita una planta, por poco común que ésta sea, o una vieja carroza como la que usaba Juan V de Portugal, desparecen un instante y enseguida regresan con lo que ha pedido.

                Aquellos que son diestros en psicología, no la libresca, quiero decir, quizás han notado que he mentido. He dicho que mis propiedades eran territorios, pero no siempre ha sido así. Al contrario, aunque me parezca antiguo se trata de algo reciente, el compendio de muchas vidas, inclusive.

                Trato de recordar exactamente lo que fueron antes.

                Eran turbulencias semejantes a inmensas faltriqueras, a bolsas ligeramente luminosas, y su sustancia era impalpable, aunque muy densa.

                A veces me doy cita con una vieja amiga. Enseguida el tono de la conversación se vuelve pesado. Entonces, bruscamente, me retiro hacia mi propiedad. Tiene la forma de una cruz. Es grande y luminosa. Hay algo diurno en esa luminosidad y cierto destello acerado que tiembla como un lago. Y allí me siento bien; dura algunos instantes, luego, por cortesía, regreso junto a la joven y sonrío. Pero la sonrisa resulta tan eficaz… (sin duda porque la excomulgo), que se larga dando un portazo.

                Así es como van las cosas entre mi amiga y yo. Ocurre regularmente.

                Sería mejor separarnos de una vez. Si yo tuviera propiedades grandes y prósperas, obviamente la dejaría. Pero dada la situación actual, es mejor esperar un poco.

                Volvamos ahora al territorio. Hablaba de desesperanza. Pero no, al contrario, un territorio justifica toda esperanza. Sobre un territorio se puede construir, y yo construiré. Ahora estoy seguro de ello. Estoy salvado. Tengo una base.

                Antes, como todo estaba en el espacio, sin techo, ni suelo, si colocaba una criatura allí dentro, nunca más la volvía a ver. Desaparecía. Desaparecía por precipitación, he ahí lo que no había comprendido, ¡y yo que me imaginaba haberla construido mal! Algunas horas después de haberla colocado allí regresaba y siempre me sorprendía su desaparición. Ahora esto no ocurrirá más. Mi territorio, la verdad, es aún pantanoso. Pero lo desecaré poco a poco y cuando esté bien firme, pondré a una familia de trabajadores.

                Será agradable andar por mi territorio. Veréis todo lo que allí haré. Mi familia es inmensa. Los veréis a todos ahí dentro, aún no la he mostrado. Pero podréis verla. Y sus transformaciones asombrarán al mundo. Pues evolucionará con la avidez y el arrebato de quienes han vivido demasiado tiempo como han querido una vida puramente espacial y se despiertan, locos de alegría, a ponerse los zapatos.

                Además, en el espacio cualquier criatura se volvía demasiado vulnerable. Desentonaba, no causaba buen efecto. Y todos los paseantes golpeaban encima como si fuese una diana.

                Mientras que la tierra una vez más…

                Mi madre siempre me ha augurado la mayor pobreza y nulidad. Muy bien. Hasta el territorio ella tiene razón; después del territorio ya veremos.

                He sido la vergüenza de mi familia, pero ya veremos, y además voy a ser feliz. Siempre tendré numerosa compañía. Sabéis, yo estaba muy solo, a veces.

(De: Mes propriétés, 1929)

MES PROPRIÉTÉS

Dans mes propriétés tout est plat, rien ne bouge; et s´il y a une forme ici ou là, d´où vient donc la lumière? Nulle ombre.

Parfois, quand j´ai le temps, j´observe, retenant ma respiration; à l´affût; et si je vois quelque chose émerger, je pars comme une balle et saute sur les lieux, mais la tête, car c´est le plus souvent une tête, rentre dans le marais; je puise vivement, c´est de la boue, de la boue tout à fait ordinaire ou du sable, du sable…

Ça ne s´ouvre pas non plus sur un beau ciel. Quoiqu´il n´y ait rien au-dessus, semble-t-il, il faut y marcher courbé comme dans un tunnel bas.

Ces propriétés sont mes seules propriétés et j´y habite depuis mon enfance et je puis dire que bien peu en possèdent de plus pauvres.

Souvent je voulus y disposer de belles avenues, je ferais un grand parc…

Ce n´est pas que j´aime les parcs, mais… tout de même.

D´autres fois (c´est une manie chez moi, inlassable et qui repousse après tous les échecs), je vois dans la vie extérieure ou dans un livre illustré um animal qui me plaît, une aigrette blanche par exemple, et je me dis: ça, ça ferait bien dans mes propriétés et puis ça pourrait se multiplier, et je prends force notes et je m´informe de tout ce qui constitue la vie de l´animal. Ma documentation devient de plus en plus vaste. Mais quand j´essaie de la transporter dans ma propriété, il lui manque toujours quelques organes essentiels. Je me débats. Je pressens déjà que ça n´aboutira pas cette fois non plus; et quant à se multiplier, sur mes propriétés on ne se multiplie pas, je ne le sais que trop. Je m´occupe de la nourriture du nouvel arrivé, de son air, je lui plante des arbres, je sème de la verdure mais telles sont mes détestables propriétés, que si je tourne les yeux, ou qu´on m´appelle dehors un instant, quand je reviens, il n´y a plus rien, ou seulement une certaine couche de cendre qui, à la rigueur, révélerait un dernier brin de mousse roussi… à la rigueur.

Et si je m´obstine, ce n´est pas bêtise.

C´est parce que je suis condamné à vivre dans mes propriétés et qu´il faut bien que j´en fasse quelque chose.

Je vais bientôt avoir trente ans, et je n´ai enconre rien; naturellement je m´énerve.

J´arrive bien à former un objet, ou un être, ou un fragment. Par exemple, une branche ou une dent, ou mille branches et milles dents. Mais où les mettre? Il y a des gens qui sans effort réussissent des massifs, des foules, des ensembles.

Moi, non. Mille dents oui, cent mille dents oui, et certains jours dans ma propriété j´ai là cent mille crayons, mais que faire dans un champ avec cent mille crayons? Ce n´est pas approprié, ou alors mettons cent mille dessinateurs.

Bien, mais tandis que je travaille à former un dessinateur (et quand j´en ai un, j´en ai cent mille), voilà mes cent mille crayons qui ont disparu.

Et si, pour la dent, je prepare une mâchoire, un appareil de digestion et d´excrétion, sitôt l´enveloppe en état, quand j´en suis à mettre le pancréas et le foie (car je travaille toujours méthodiquement), voilà les dents parties, et bientôt la mâchoire aussi, et puis le foie, et quand je suis à l´anus, il n´y a plus que l´anus, ça me dégoûte, car s´il faut revenir par le côlon, l´intestin grêle et de nouveau la vésicule biliaire, et de nouveau tout le reste, alors non.

Devant et derrière ça s´éclipse aussitôt, ça ne peut pas attendre un instant.

Or, je ne peux faire d´un seul coup de baguette des animaux entiers; moi, je procède méthodiquement; autrement impossible.

C´est pour ça que mes propriétés sont toujours absolument dénuées de tout, à l´exception d´un être, ou d´une série d´êtres, ce qui ne fait d´ailleurs que renforcer la pauvreté générale, et mettre une réclame monstreuse et insupportable à la désolation générale.

Alors je supprime tout et il n´y a plus que les marais, sans rien d´autre, des marais qui sont ma propriété et qui veulent me désespérer.

Et si je m´entête, je ne sais vraiment pas pourquoi.

Mais parfois ça s´anime, de la vie grouille. C´est visible, c´est certain. J´avais toujours pressenti qu´il y avait quelque chose en lui, je me sens plein d´entrain. Mais voici que vient une femme du dehors; et me criblant de plaisirs innombrables, mais si rapprochés que ce n´est qu´un instant, et m´emportant en ce même instant, dans beaucoup, beaucoup de fois le tour du monde… (Moi, de mon côté, je n´ai pas osé la prier de visiter mes propriétés dans l´état de pauvreté où elles sont, de quase-inexistence.) Bien! d´autre part, promptement harassé donc de tant de voyages où je ne comprends rien, et qui ne furent qu´un parfum, je me sauve d´elle, maudissant les femmes une fois de plus, et complètement perdu sur la planète, je pleure après mes propriétés qui ne sont rien, mais qui représentent quand même du terrain familier, et ne me donnent pas cette impression d´absurde que je trouve partout.

Je passe des semaines à la recherche de mon terrain, humilié, seul; on peut m´injurier comme on veut dans ces moments-là.

Je me soutiens grâce à cette conviction qu´il n´est pas possible que je ne retrouve pas mon terrain et, en effet, un jour, un peut plus tôt, un peut plus tard, le revoilà!

Quelle bonheur de se retrouver sur son terrain! Ça vous a un air que vraiment n´a aucun autre. Il y a bien quelques changements, il me semble qu´il est un peu plus incliné, ou plus humide, mais le grain de la terre, c´est le même grain.

Il se peut qu´il n´y ait jamais d´abondantes récoltes. Mais, ce grain, que voulez-vous, il me parle. Si pourtant, j´approche, il se confond dans la masse –masse de petits halos.

N´importe, c´est nettement mon terrain. Je ne peux pas expliquer ça, mais le confondre avec un autre ce serait comme si je me confondais avec un autre, ce n´est pas possible.

Il y a mon terrain et moi; puis il y a l´étranger.

Il y a des gens qui ont des propriétés magnifiques et je les envie. Ils voient quelque chose ailleurs qui leur plaît. Bien, disent-ils, ce será pour ma propriété. Sitôt dit, sitôt fait, voilà la chose dans leur propriété. Comment s´effectue le passage? Je ne sais. Depuis leur tout jeune âge, exercés à amasser, à acquérir, ils ne peuvent voir un objet sans le planter immédiatement chez eux, et cela se fait machinalement.

On ne peut même pas dire cupidité, on dira réflexe.

Plusieurs s´en doutent à peine. Ils ont par l´exercice constant de leur intelligence et de leurs capacités extraordinaires, et ils ne s´en doutent pas. Mais si vous avez besoin d´une plante, si peu commune soit-elle, ou d´un vieux carrosse comme en usait Joan V de Portugal, ils s´absentent un instant et vous rapportent aussitôt ce que vous avez demandé.

Ceux qui sont habiles en psychologie, j´entends, pas la livresque, auront peut-être remarqué que j´ai menti. J´ai dit que mes propriétés étaient du terrain, or cela n´a pas toujours été. Cela est au contraire fort récent, quoique cela me paraisse tellement ancien, et gros de plusieurs vies même.

J´essaie de me rappeler exactement ce qu´elles étaient autrefois.

Elles étaient tourbillonnaires; semblables à de vastes poches, à des bourses légèrement lumineuses, et la substance en était impalpable quoique fort dense.

J´ai parfois rendez-vous avec une ancienne amie. Le ton de l´entretien devient vite pénible. Alors je pars brusquement pour ma propriété. Elle a la forme d´une crosse. Elle est grande et lumineuse. Il y a du jour dans ce lumineux et un acier fou qui tremble comme une eau. Et là, je suis bien; cela dure quelques moments, puis je reviens par politesse près de la jeune femme, et je souris. Mais ce sourire a une vertu telle… (sans doute parce qu´il l´excommunie), qu´elle s´en va en claquant la porte.

Voilà comment les choses se passent entre mon amie et moi. C´est régulier.

On ferait mieux de se séparer pour tout de bon. Si j´avais de grandes et riches propriétés évidemment je la quitterais. Mais dans l´état actuel des choses, il vaut mieux que j´attende encore un peu.

Revenons au terrain. Je parlais de désespoir. Non, ça autorise au contraire tous les espoirs, un terrain. Sur un terrain on peut bâtir, et je bâtirai. Maintenant j´en suis sûr. Je sus sauvé. J´ai une base.

Auparavant, tout étant dans l´espace, sans plafond, ni sol, naturellement, si j´y mettais un être, je ne le revoyais plus jamais. Il disparaissait. Il disparaissait par chute, voilà ce que je n´avais pas compris, et moi qui m´imaginais l´avoir mal construit! Je revenais quelques heures après l´y avoir mis, et m´étonnais chaque fois de sa disparition. Maintenant, ça ne m´arrivera plus. Mon terrain, il est vrai, est encore marécageux. Mais je l´asséchaerai petit à petit, et quand il sera bien dur, j´y établirai une famille de travailleurs.

Il fera bon marcher sur mon terrain. On verra tout ce que j´y ferai. Ma famille est immense. Vous en verrez de tous les types là-dedans, je ne l´ai pas encore montrée. Mais vous la verrez. Et ses évolutions étonneront le monde. Car elle évoluera avec cette avidité et cet emportement des gens qui ont vécu trop longtemps à leur gré d´une vie purement spatiale et qui se réveillent, transportés de joie, pour mettre des souliers.

Et puis dans l´espace, tout être devenait trop vulnérable. Ça faisait tache, ça ne meublait pas. Et tous les passants tapaient dessus comme sur une cible.

Tandis que du terrain encore une fois…

Ah! ça va révolutionner ma vie.

Mère m´a toujours prédit la plus grande pauvreté et nullité. Bien. Jusqu´au terrain elle a raison; après le terrain on verra.

J´ai été la honte de mes parents, mais on verra, et puis je vais être heureux. Il y aura toujours nombreuse compagnie. Vous savez, j´étais seul, parfois.

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