Poemas – Carlos Drummond de Andrade (Traducción Idalia Morejón Arnaiz)

Traducción de Idalia Morejón Arnaiz (Português – Español)

LAS CONTRADICCIONES DEL CUERPO

Mi cuerpo no es mi cuerpo,

es ilusión de otro ser.

Sabe el arte de esconderme

y es de tal modo sagaz

que a mí de mí mismo oculta.

Mi cuerpo, no mi agente,

mi sobre sellado,

mi revólver de asustar,

se volvió mi carcelero,

sabe más de mí que yo.

Mi cuerpo borra el recuerdo

que yo tenía de mi mente.

Me inocula su pathos,

me ataca, hiere y condena

por crímenes no cometidos.

Su artificio más diabólico

está en hacerse el enfermo.

Me tira el peso de los males

que teje a cada instante

y me pasa en revulsión.

Mi cuerpo inventó el dolor

a fin de volverlo interno,

integrante de mi id,

ofuscador de la luz

que ahí intentaba esparcirse.

Otras veces se divierte

sin que yo lo sepa o desee,

y en ese placer maligno,

que a sus células impregna,

de mi mutismo escarnece.

Mi cuerpo ordena que salga

a buscar lo que no quiero,

y me niega, al afirmarse

como señor de mi Yo

convertido en can servil.

Mi placer más refinado,

no soy yo quien va a sentirlo.

Es él, por mí, rapaz

y da masticados restos

a mi hambre absoluta.

Si de él intento alejarme,

por abstracción ignorarlo,

vuelve a mí, con todo el peso

de su carne contaminada,

su tedio, su malestar.

Quiero romper con mi cuerpo,

quiero enfrentarlo, acusarlo,

por abolir mi esencia,

pero él ni siquiera me escucha

y va por el rumbo opuesto.

Ya apretado por su pulso

de inquebrantable rigor,

no soy más quien antes era:

con sensualidad dirigida,

salgo a bailar con mi cuerpo.

METAFÍSICA DEL CUERPO

A Sonia von Brusky

La metafísica del cuerpo se entrevé

en las imágenes. El alma del cuerpo

modula en cada fragmento su música

de esferas y de esencias

más allá de la simple carne y las simples uñas.

En cada silencio del cuerpo se identifica

la línea del sentido universal

que a la forma breve y transitiva imprime

la solemne marca de los dioses

y del sueño.

Entre hojas, se sorprende

en la última ninfa

lo que en la mujer es aún ramo y rocío

y, más que naturaleza, pensamiento

de la unidad inicial del mundo:

mujer planta brisa mar,

el ser telúrico, espontáneo,

como si un gajo fuera del infinito

árbol que condensa

la miel, el sol, el soplo acre de la vida.

De éxtasis y temblor la vista se baña

ante la luminosa nalga opalescente,

el muslo, el sacro vientre, prometido

al oficio de existir, y todo lo demás que el cuerpo

resume de otra vida, más floreciente,

en que todos fuimos tierra, savia y amor.

He ahí que se revela el ser, en la transparencia

del envoltorio perfecto.

AUSENCIA

Durante mucho tiempo creí que la ausencia es falta.

Y lastimaba, ignorante, a la falta.

Hoy no la lastimo.

No hay falta en la ausencia.

La ausencia es un estar en mí.

Y la siento, blanca, tan pegada, arropada en mis brazos,

que río y danzo e invento exclamaciones alegres,

porque la ausencia, esa ausencia asimilada,

nadie me la volverá a robar.

ASPIRACIÓN

Tan imperfectas, nuestras maneras

de amar.

¿Cuándo alcanzaremos

el límite, al ápice

de perfección,

que es no morir nunca más,

nunca más vivir

dos vidas en una,

y que sólo el amor gobierne

todo más allá, todo fuera de nosotros mismos?

El absoluto amor,

rebelde a la condición de carne y alma.

de Cuerpo (1984)

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